Análisis del papel de las becas y los deportes en las Universidades estadounidenses

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Por Daniel Green, Director de ESIS Florida (Escuela Internacional de Academia Sánchez-Casal)

Este mes de noviembre ha sido un mes muy especial para la Academia Sanchez-Casal. En primer lugar, nuestro antiguo alumno Andy Murray alcanzó el número 1 de los rankings ATP. En segundo lugar, 6 de nuestros estudiantes-atletas firmaron un acuerdo con algunas de las universidades líderes a nivel deportivo y atlético de Estados Unidos: River Hart con la University of Minnesota, Victoria Emma con la University of Florida, Edson Ortiz Tovar con la University of Alabama, Zummy Bauer con la Georgia Tech, Tristan McCormick con Notre Dame y Fletcher Scott con University of Illinois. Para nuestros estudiantes, este evento constituye un momento clave en sus vidas y marca el camino a emprender en su carrera tenística y educativa.

 

 

En la cultura Americana, obsesionada por los deportes, a menudo se considera a los deportistas de manera distinta al resto de la población. Colgamos sus posters en nuestras paredes, llevamos camisetas con su nombre, imitamos sus rasgos distintivos. Vemos en ellos algo que nosotros desearíamos tener. Como resultado, estos estudiantes-atletas reciben buenas recompensas, puesto que obtienen becas que difícilmente se garantizarían a un estudiante con una nota de 4.0, 1.600 de SAT (examen de acceso a universidades americanas). Las preguntas que a veces escuchamos son: ¿Por qué reciben este tratamiento especial?, y ¿Lo merecen?

 

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A partir de mi experiencia primero en la Universidad de Notre Dame como ayudante de distintos equipos deportivos universitarios, y posteriormente en la escuela ESIS de Academia Sánchez-Casal como consejero de orientación y director habiendo aconsejado a cientos de estudiantes-atletas, mi respuesta a estas preguntas es clara.

Los atletas universitarios representan a sus universidades y actúan como una importante herramienta de marketing. Nuestra pasión por la competición individual y de equipo nos lleva a conectar emocionalmente con nuestras alma mater (antiguas universidades) creando una relación que dura durante décadas. Esta conexión permanece mucho tiempo después de terminar los estudios, haciéndonos más proclives a realizar donaciones. Mejores resultados de los equipos se traducen en un aumento de los donativos de los ex estudiantes. Sorprendentemente, el éxito atlético puede resultar a su vez en una mejora del nivel de los estudiantes que aplican a la universidad.

Este hecho es conocido como el efecto Flutie, surgido en los años 80 a partir del aumento significativo de solicitudes para acceder al Boston College, como resultado de los años dorados que Doug Flutie proporcionó a su equipo universitario de futbol americano.

 

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La mayor exposición mediática de la mencionada universidad conllevó un mayor número de aplicaciones que permitió a su vez que el departamento de admisiones aplicara estándares más estrictos en la selección de sus estudiantes. Boston College consiguió mejorar su alumnado sin subir el sueldo a sus profesores. Este fenómeno se ha repetido en numerosas ocasiones con los ejemplos recientes de Gonzaga, Virginia Commonwealth, Butler y Florida Gulf Coast. Por esta razón muchas universidades deciden seguir este camino y atraer a los mejores estudiantes-atletas a sus equipos.

Como muchas escuelas aplican esta estrategia, otra cuestión a considerar es si los estudiantes-atletas merecen un tratamiento preferente. Yo creo que sí. Para iniciar el proceso para optar a una beca, un atleta debe haber desarrollado unas habilidades que le diferencien de la media de estudiantes.

 

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Un informe de la NCAA afirma que en 2014-15 de 182.876 jugadores de tenis de high-school (bachillerato), sólo el 1.6% consiguió entrar en un equipo de Primera División.

Cuando examino uno a uno el recorrido de los estudiantes de ASC que recientemente han firmado un acuerdo con universidades líderes americanas, observo que cada uno de ellos ha trabajado duro para desarrollar el talento que les ha llevado a formar parte de la élite del tenis. Todos comenzaron a jugar a este deporte cuando tenían unos 6 años de edad y pasaron a dedicarse exclusivamente a él a los 8 años. Durante la siguiente década, han dedicado entre dieciocho y veinticinco horas a la semana en pista y en la sala de fitness para mejorar su juego. Ahora cuando entren en la universidad en 2017 tampoco tendrán tiempo para dormirse en los laureles.

Como la mayoría de becas se renuevan cada año, los jugadores están constantemente trabajando para cumplir con los requisitos de sus entrenadores. Mientras que la NCAA ha establecido un límite de veinte horas de dedicación por semana, este límite sólo se hace extensible a las sesiones de entrenamiento y competición supervisadas. Las reuniones administrativas, viajes, visitas médicas, y sesiones de entrenamiento ‘voluntarias’ no se computan oficialmente, pero fácilmente pueden incrementar el compromiso de un estudiante-atleta hasta unas treinta horas a la semana. Sin entrar en el debate de si los estudiantes-atletas son empleados o trabajadores de la universidad, lo que está claro es que son individuos con un set de habilidades altamente especializadas que dedican muchas horas que benefician directamente a sus universidades. En este contexto, una compensación en forma de becas y otros beneficios parece justificada.

 

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Espero que este artículo les haya proporcionado una mejor perspectiva sobre los estudiantes-atletas y el valor que pueden añadir a las universidades estadounidenses. Estos jóvenes emprenden un arduo camino a una edad temprana para convertirse en los mejores en su deporte, y continúan esa dedicación en la universidad y posteriormente. Próximamente escribiré sobre el enfoque mental y los factores medioambientales que facilitan la consecución de sus objetivos. Durante mis doce años de colaboración con la Academia Sanchez-Casa he comprobado que existen múltiples vías para triunfar tanto en el circuito profesional de tenis a nivel universitario. Esta es nuestro meta: proporcionar a nuestros jugadores mejores oportunidades en el tenis, la educación y la vida.

Daniel Green

Director de ESIS
Director de ESIS Florida (Escuela Internacional de Academia Sánchez-Casal)

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